Quienes de pronto han recobrado la visión y denuncian un clima de violencia que no se merece Nayarit debieran tener un poco de vergüenza, porque callaron ante lo evidente cuando miles de nayaritas eran masacrados por el poderoso ex Fiscal, nadie puede poner en duda la honestidad y el compromiso social de Antonio Echevarría García, salvo aquellos que hoy añoran los pesos manchados de sangre que en sus bolsillos depositaba El Diablo

Por Luis Alberto Alcaraz

Las personas necesitan olvidar para seguir viviendo, especialmente aquellas que sufrieron un gran trauma. Por eso muchos nayaritas parecen haber olvidado los violentos días de finales del sexenio de Ney González, cuando la sangre corría a raudales por las calles de Tepic y el tableteo de los “cuernos de chivo” era la constante en las madrugadas de la ciudad.

Durante el sexenio de Roberto Sandoval se impuso la paz y volvió la calma, por desgracia se trató de un mero espejismo. Cierto que se acabaron las balaceras en la vía pública y los colgados de los puentes no volvieron a aparecer.

En cambio miles de ciudadanos honestos y trabajadores vivieron seis años en la peor de las angustias, a merced de un funcionario que lejos de cuidar el bienestar  público se dedicó a utilizar el poder para pasar por encima de la ley. El rosario de agravios es enorme, la forma brutal en que la Fiscalía se convirtió en un cártel criminal era más que evidente, aunque muchos en Nayarit fingieron no darse cuenta.

El poder de las armas y el dinero sirvió de prisma para que muchos en Nayarit ignoraran ese estado de excepción en que vivían miles de Nayaritas, quienes con una pistola en la cabeza fueron obligados a ceder sus valiosas propiedades a cambio de unos ridículos pesos.

El 29 de marzo de 2017 fácilmente podría ser declarado el Día de la Independencia de Nayarit. Fue cuando se dio a conocer que el poderoso Fiscal Édgar Veytia, el de los ojos verdes y las capuchas negras, el que orgullosamente recibió un Doctorado Honoris Causa de manos de la Universidad del Álica un año atrás, había sido detenido al cruzar la frontera con Estados Unidos acusado de nexos con el narcotráfico.

Supimos entonces que le apodaban El Diablo, aunque eso no fue noticia para miles de nayaritas agraviados por el hombre que había jurado ante la ley dedicar su vida a defenderlos. Pese al cúmulo de evidencia no faltaron quienes públicamente le refrendaron su lealtad. No podían hacer otra cosa, después de haberlo elevado al nivel de un semi Dios lo menos que podían hacer era admitir que lo conocían, que se habían tomado la foto con él, que se habían beneficiado de su generosidad.

Hoy, con la Fiscalía General y los cuerpos policiacos del estado al servicio de la sociedad, es lógico que de nueva cuenta los grupos criminales se disputen el control del territorio. Tepic es una valiosa zona de paso para el trasiego de la droga de sur a norte. Por tierra, por aire y por mar Nayarit es un punto clave para los cárteles que se disputan el control de esta abominable  industria, de ahí la violencia que estamos viendo desde que terminó el sexenio anterior.

Por fortuna estamos muy lejos de los niveles de violencia que padecimos en el sexenio de Ney González, por más que los nostálgicos del pasado nos quieran generar una percepción catastrofista.

Hoy el gobierno de Nayarit es un ente obligado a mantener a raya a los grupos criminales, no es parte del problema, es parte de la solución. Durante el sexenio anterior la Fiscalía y los aparatos de seguridad del Estado estuvieron en manos de un grupo criminal, aunque muchos hayan fingido no verlo.

Hoy está más que claro que el gobierno encabezado por Antonio Echevarría García no es juez y parte de esta histórica rebatinga por el control de una plaza para el trasiego y venta de estupefacientes.

Quienes de pronto han recobrado la visión y denuncian un clima de violencia que no se merece Nayarit debieran tener un poco de vergüenza, porque callaron ante lo evidente cuando miles de nayaritas eran masacrados por el poderoso ex Fiscal. Nadie puede poner en duda la honestidad y el compromiso social de Antonio Echevarría García, salvo aquellos que hoy añoran los pesos manchados de sangre que en sus bolsillos depositaba El Diablo.

También es lamentable la actitud carroñera de Manuel Cota, quien incapaz de respetar los tiempos pretende adelantar el reloj para buscar su revancha. Lejos de aceptar su derrota y prepararse con dignidad e inteligencia para competir de nuevo dentro de cuatro años, Manuel Cota abusa de su posición para tratar de desestabilizar al nuevo gobierno, coptando espacios públicos y azuzando a sus incondicionales.

La violencia muy pronto pasará, Nayarit tendrá al mejor gobernador de su historia con Antonio Echevarría García, todo es cuestión de permitir que el tiempo haga su parte. Los demonios del pasado son muy poderosos, cada día vemos su capacidad de destruir, de difamar, de exigir lo que en el pasado fueron incapaces de reclamar.

No por mucho madrugar amanece más temprano, dejemos que la primavera llegue a Nayarit, nuestros hijos se lo merecen, no seamos mezquinos. Mucho ayuda el que no estorba.

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